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¡Aprender a leer el mundo!: palabras, números y experiencias compartidas

Buenas familias,

Hoy me voy a extender un poquito más de lo habitual, porque me gustaría compartir con vosotros cómo acompañamos estos aprendizajes en el aula. La alfabetización y las matemáticas quizá se abordan de una manera diferente a como muchos las aprendimos, y creo que merece la pena conocer y comprender el sentido de nuestras propuestas.

Durante estas últimas semanas hemos ido compartiendo diferentes experiencias de la clase verde, pero hay muchos aprendizajes que forman parte de nuestro día a día y que no siempre resultan tan visibles como una producción artística o un proyecto de trabajo.

Hoy me gustaría acercaros un poquito más a dos de ellos: el proceso alfabetizador y el desarrollo del pensamiento lógico-matemático. Dos dimensiones fundamentales de nuestra programación que, aunque vamos a explicar por separado, están estrechamente relacionadas entre sí y con el resto de los aprendizajes.

Como comentamos en nuestra reunión de principio de curso, en Educación Infantil no entendemos el aprendizaje como una suma de contenidos aislados. Los niños y niñas aprenden de manera globalizada, estableciendo relaciones entre lo que observan, lo que ya conocen, las preguntas que se plantean y las experiencias que viven. Por eso, una conversación en la asamblea, el reparto de la fruta, un ensayo teatral o un juego de mesa pueden convertirse en oportunidades extraordinarias para desarrollar múltiples competencias al mismo tiempo.

El proceso alfabetizador: mucho antes de leer y escribir

Cuando hablamos de alfabetización, no nos referimos únicamente al reconocimiento de letras o al aprendizaje de la lectura y la escritura convencionales. Hablamos de un proceso mucho más amplio que comienza con el desarrollo del lenguaje oral, la comprensión, la conciencia de los sonidos que componen las palabras y el descubrimiento de las diferentes funciones que cumplen la lectura y la escritura en nuestra vida.

En este sentido, en nuestra clase estamos dedicando especial atención al desarrollo de la conciencia fonológica, es decir, a la capacidad de reconocer y manipular de manera consciente las diferentes unidades del lenguaje hablado.

Lo hacemos mediante juegos y propuestas que van aumentando progresivamente su complejidad:

  • Conciencia léxica: jugamos con las palabras que forman una frase, contamos cuántas contiene, sustituimos unas por otras y tratamos de ampliarlas. Por ejemplo, partiendo de «El pantalón es rojo», buscamos maneras de añadir información hasta construir una oración más completa. Así descubrimos que las palabras tienen un orden y que podemos modificar nuestras frases para expresar mejor lo que queremos comunicar. Añadir, eliminar, sustituir, cambiar el orden, ordenar palabras «descolocadas»… son algunas de las prácticas que llevamos habitualmente en el aula.
  • Conciencia silábica: exploramos cómo podemos dividir oralmente las palabras en sílabas, acompañándonos en ocasiones de palmadas o movimientos. También hemos comenzado a jugar a las palabras encadenadas, una propuesta que todavía nos plantea algunas dificultades y que iremos retomando progresivamente. De momento nos va bien con las sílabas directas (re-ma-lo, etc.). Sustituir sílabas por otras, también forma parte de nuestra práctica (ro-pa/ro-jo/ro-sa, etc.).
  • Conciencia fonémica: prestamos atención a los sonidos individuales del habla. En lugar de preguntar qué palabra comienza por una determinada letra, proponemos buscar palabras que empiecen por un sonido concreto. De este modo, favorecemos la discriminación auditiva y la identificación de los fonemas, antes de centrarnos en su representación gráfica. Jugar al «veo veo de los sonidos» es una excelente forma de practicarla, pero también sustituir un sonido por otro (pato-gato) , buscar palabras que empiecen por el mismo sonido…

Estas experiencias nos ayudan a desarrollar habilidades lingüísticas que constituyen una base importante para el posterior aprendizaje de la lectura y la escritura.

¡Y todo ello sin usar lápiz ni papel! 

Pero nuestro trabajo alfabetizador va mucho más allá de estos juegos.

El teatro, por ejemplo, continúa ofreciéndonos oportunidades muy valiosas para comprender, construir y expresar mensajes orales. Durante los ensayos de «Las enseñanzas de la lluvia» estamos prestando atención a la entonación, a las diferencias entre una pregunta y una exclamación, a las pausas que permiten intervenir a otro personaje y a cómo acompañar nuestras palabras con la expresión facial y corporal. También hemos ido modificando algunas frases para que resulten más naturales y comprensibles, descubriendo que podemos expresar una misma idea de diferentes maneras.

La lectura compartida y la lectura de imágenes ocupan igualmente un lugar importante en nuestras jornadas. Dedicamos pequeños momentos a observar libros de manera individual o con otros compañeros y compañeras, interpretar sus ilustraciones, anticipar lo que puede estar sucediendo y construir nuestras propias narraciones.

También disfrutamos de la lectura en voz alta a cargo de la tutora y, en ocasiones, de aquellos niños y niñas que ya han comenzado a leer de manera autónoma. Entre nuestras últimas propuestas hemos compartido Adivinacedario, un libro que nos ha permitido jugar con adivinanzas, palabras y sonidos iniciales.

Y seguimos disfrutando de nuestro préstamo semanal de biblioteca, una experiencia en la que las familias tenéis un papel fundamental para alimentar el interés por los libros, compartir momentos de lectura y descubrir el placer de las historias.

La escritura, por su parte, aparece vinculada a necesidades comunicativas reales: identificamos nuestras producciones con el nombre propio, reconocemos los nombres que aparecen en nuestros materiales o elaboramos listados, como el reparto de personajes de nuestra obra teatral.

Es importante señalar que el reconocimiento global del nombre propio no implica necesariamente que se haya adquirido la capacidad de leerlo mediante la descodificación de sus letras. Es una aproximación significativa al lenguaje escrito que nos permite familiarizarnos con él y descubrir algunas de sus funciones.

Y aquí me gustaría compartir una reflexión importante. En el segundo ciclo de Educación Infantil no se establece como objetivo que el alumnado finalice la etapa leyendo y escribiendo convencionalmente. El trabajo va orientado a favorecer una aproximación progresiva, funcional y significativa al lenguaje escrito, respetando los diferentes ritmos madurativos y ofreciendo experiencias que sienten bases sólidas para los aprendizajes que continuarán desarrollándose en Educación Primaria.

Por eso, más que apresurarnos hacia un resultado, nos interesa especialmente cómo se construyen las habilidades que permitirán llegar a él.

Las matemáticas están en todas partes

Algo muy parecido sucede con el pensamiento lógico-matemático. Cuando hablamos de matemáticas, no nos referimos únicamente a los números o a las operaciones aritméticas. Las matemáticas también están presentes en la orientación espacial, las relaciones entre objetos, las formas geométricas, las cantidades, las secuencias, la comparación, la estimación y la búsqueda de soluciones a problemas cotidianos.

Y en nuestra clase aparecen constantemente.

Durante la asamblea, por ejemplo, contamos cuántas personas hemos venido al colegio y cuántas faltan. Algunos niños y niñas realizan el conteo de los presentes; otros comienzan a establecer relaciones entre las sillas vacías y las ausencias, e incluso a resolver mentalmente pequeñas situaciones de sustracción.

También seguimos proponiendo pequeños problemas de cálculo mental, relacionados con experiencias cercanas y cantidades reducidas, para favorecer la representación mental de las cantidades y el desarrollo de estrategias propias de resolución, sin necesidad de recurrir siempre al conteo con los dedos u otros apoyos materiales.

Y uno de los ejemplos más bonitos lo hemos vivido recientemente con el reparto de los frutos de otoño.

Teníamos 10 higos para 14 niños y niñas. ¿Cómo podíamos repartirlos para que todo el mundo tuviera?

La conversación nos llevó a comparar cantidades, plantear posibilidades y descubrir que, si partíamos los higos por la mitad, podíamos obtener más porciones. Uno de nuestros compañeros llegó a la conclusión de que con siete higos conseguiríamos catorce mitades, suficientes para repartir una a cada persona, y todavía nos quedarían tres higos.

Una situación aparentemente sencilla que nos permitió poner en juego estimación, cálculo, reparto equitativo, relaciones entre cantidades y resolución de problemas. Sin necesidad de presentar formalmente una multiplicación o una división, estábamos construyendo algunas de las relaciones matemáticas que más adelante permitirán comprenderlas.

Y esto mismo ocurre cuando repartimos materiales, organizamos equipos, distribuimos la fruta o necesitamos averiguar cuántos elementos hacen falta para una actividad.

También observamos nuestro entorno para identificar formas geométricas, establecer relaciones espaciales y descubrir semejanzas y diferencias entre los objetos que nos rodean. Incluso cuando utilizamos una cuenta atrás desde el diez para prepararnos antes de un cambio de espacio, estamos practicando la secuencia numérica descendente y anticipando una transición cotidiana.

Jugar también es pensar matemáticamente

Durante estos días, los juegos de mesa han adquirido un protagonismo especial. El alumnado ha ido trayendo diferentes propuestas de casa, algunas cooperativas y otras en las que existe un ganador o ganadora.

Entre los juegos que hemos compartido encontramos propuestas tan diferentes como Robin Rabbit, un juego cooperativo en el que necesitamos construir caminos, orientarnos, contar y tomar decisiones conjuntas para alcanzar un objetivo común; o Kitty Bitty, que nos invita a poner en práctica la memoria visual, la discriminación de colores, la orientación espacial y la anticipación de movimientos. Dos ejemplos que nos muestran cómo, a través de dinámicas distintas, podemos desarrollar habilidades lógico-matemáticas y cognitivas mientras disfrutamos jugando con los demás.

Pero lo interesante no es únicamente jugar, sino todo lo que sucede mientras lo hacemos.

Primero necesitamos conocer y comprender las reglas, explicar a los demás cómo funciona el juego y organizar los turnos. Después debemos observar, contar casillas, interpretar posiciones, anticipar movimientos, comparar posibilidades y tomar decisiones.

En función del juego, aparecen conceptos como los números cardinales y ordinales, las relaciones espaciales, las secuencias, la correspondencia entre cantidades y la orientación sobre un recorrido.

Y junto a estos aprendizajes matemáticos, entran en juego otras habilidades igual de importantes: la atención, la memoria de trabajo, el control inhibitorio, la flexibilidad cognitiva, la cooperación y la tolerancia a la frustración.

Esperar nuestro turno, aceptar una regla, comprender que no siempre podemos ganar, modificar una estrategia o ayudar a un compañero son experiencias que conectan el razonamiento con el desarrollo social y emocional.

Por eso, los juegos de mesa constituyen una herramienta educativa especialmente valiosa: nos permiten aprender a pensar mientras aprendemos a convivir.

Aprendizajes que se conectan

Si observamos todas estas experiencias en conjunto, resulta más fácil comprender por qué hablamos de un aprendizaje globalizado.

Cuando reconstruimos una historia, estamos trabajando lenguaje, memoria, organización temporal y pensamiento secuencial. Cuando repartimos una fruta, necesitamos comprender una situación, expresar nuestras ideas, razonar matemáticamente y llegar a acuerdos. Y cuando participamos en un juego de mesa, ponemos en relación conocimientos numéricos, habilidades lingüísticas, funciones ejecutivas y competencias sociales.

En definitiva, no aprendemos primero una cosa y después otra de manera completamente independiente. Los aprendizajes se relacionan, se enriquecen mutuamente y adquieren mayor sentido cuando podemos utilizarlos para comprender y desenvolvernos en nuestro entorno.

Este es uno de los propósitos fundamentales de las propuestas que desarrollamos en la clase verde: ofrecer experiencias ajustadas a los diferentes ritmos y necesidades del grupo, que permitan avanzar en la adquisición de competencias desde la curiosidad, el juego, la participación y la vida cotidiana.

Y, sobre todo, que nuestros niños y niñas sigan descubriendo que aprender no consiste únicamente en saber una respuesta, sino también en hacerse preguntas, buscar caminos para resolverlas y compartir lo que vamos descubriendo.

¡Buen fin de semana!

Esther Justicia.

¡Nuestro primer proyecto de emprendimiento! Mucho más que una obra de teatro

Buenas  tardes familias,

Esta semana hemos puesto en marcha nuestro primer proyecto de emprendimiento del curso y la clase verde ya está inmersa en los preparativos de una representación teatral muy especial.

Con motivo de la próxima fiesta del otoño, tenemos un reto por delante: preparar una obra de teatro para compartirla con todo el alumnado de Educación Infantil. Un objetivo común que nos invita a organizarnos, tomar decisiones, buscar soluciones y trabajar juntos para conseguirlo.

Y es precisamente ahí donde aparece el sentido del emprendimiento escolar a estas edades. No hablamos de crear una empresa ni de desarrollar una actividad económica, sino de aprender a identificar una necesidad o un reto real y responder a él con iniciativa, creatividad, cooperación y responsabilidad. Se trata de pasar de las ideas a la acción, participando activamente en las decisiones y descubriendo que somos capaces de transformar nuestras propuestas en algo que podemos compartir con los demás.

La obra elegida es Las enseñanzas de la lluvia, una adaptación de una leyenda africana que hemos conocido a través de su lectura en la asamblea. Después llegó uno de los momentos más esperados: el casting. Entre propuestas y votaciones fuimos repartiendo los personajes, mientras una compañera y yo asumimos la narración de la historia.

Y así comenzó a tomar forma nuestro pequeño proyecto.

De las ideas a las soluciones

Una de las experiencias más interesantes de estos primeros días ha sido pensar cómo queremos representar la historia. ¿Qué elementos necesitamos? ¿Cómo podemos construirlos? ¿Qué materiales podríamos utilizar?

La lluvia de ideas ha dado lugar a conversaciones verdaderamente enriquecedoras. Por ejemplo, en una de las escenas, el elefante debe derribar parte de la vegetación. Pero ¿cómo hacemos un árbol que pueda caerse durante la representación y después volver a colocarse?

Han surgido propuestas de todo tipo: estructuras de cartón, papeles sujetos con cuerdas, sistemas con imanes… Cada idea nos ha llevado a imaginar posibilidades, anticipar dificultades, escuchar otras opiniones y buscar nuevas alternativas.

Detrás de estas conversaciones aparecen aprendizajes fundamentales: creatividad, planificación, resolución de problemas, flexibilidad cognitiva y toma de decisiones. Y, sobre todo, la oportunidad de comprobar que una idea puede mejorar cuando la compartimos y la pensamos entre todos.

La cooperación, una palabra que ya forma parte de nuestro día a día, adquiere aquí un sentido especialmente significativo: cada aportación cuenta y necesitamos del trabajo de los demás para alcanzar nuestro objetivo.

Pensar, decidir y crear: mucho más que elaborar materiales

La expresión artística ocupa también un lugar importante en este proyecto, pero me gustaría detenerme en algo que no siempre resulta visible cuando observamos las producciones terminadas.

Antes de confeccionar las caretas o elaborar elementos del decorado, como el sol y el charco que aparecen en la historia, hemos dedicado tiempo a imaginar cómo queríamos hacerlos, proponer materiales, valorar diferentes posibilidades y llegar a acuerdos sobre sus formas, colores o tamaños.

Después llega el momento de llevar esas decisiones a la práctica. En ocasiones, las características de los materiales o la complejidad de determinadas tareas requieren el acompañamiento y la intervención del adulto. Pero eso no resta protagonismo al alumnado: las producciones son el resultado de un proceso compartido en el que sus ideas y decisiones tienen un papel fundamental.

Colorear, recortar, pegar o construir nos permite desarrollar habilidades motrices, coordinación y precisión. Pero, además, cuando estas acciones responden a una intención previamente pensada y acordada, adquieren un significado mucho más amplio.

Una historia que nos invita a hablar, escuchar y escribir

La preparación del teatro también nos está ofreciendo numerosas oportunidades para avanzar en nuestro proceso alfabetizador.

La lectura y comprensión de la historia, el descubrimiento de palabras poco habituales, la construcción de frases, la ampliación del vocabulario y los primeros ensayos nos ayudan a desarrollar el lenguaje oral, organizar nuestro discurso y comprender la importancia de escuchar para saber cuándo intervenir.

Porque alfabetizar no consiste únicamente en aprender letras o comenzar a escribir palabras. También implica comprender lo que escuchamos, expresarnos con claridad, enriquecer nuestro lenguaje y descubrir para qué sirven la lectura y la escritura.

También hemos realizado un taller de comprensión y secuenciación narrativa a partir de seis escenas que representan momentos importantes de nuestra obra. Las imágenes se presentaron desordenadas y cada niño y niña tuvo que observarlas, identificar qué sucedía en cada una, reconstruir el hilo de la historia y colocarlas en el orden adecuado, recortándolas y pegándolas posteriormente en otra hoja. Un trabajo que ya podéis ver expuesto en nuestro tablón y que nos permite desarrollar comprensión oral, memoria, organización temporal, relaciones de causa y efecto y pensamiento secuencial.

Porque comprender una narración no es solamente recordar lo que ocurre, sino entender cómo se relacionan los acontecimientos y por qué suceden en un determinado orden. Estas habilidades constituyen una base fundamental para la futura comprensión lectora y forman parte del proceso alfabetizador mucho antes de que la lectura convencional esté plenamente adquirida.

La escritura también ha encontrado su lugar dentro del proyecto. Hemos elaborado un cartel con el reparto de personajes en el que cada cual ha escrito su nombre y algunos compañeros y compañeras han añadido dibujos. Una pequeña muestra de cómo la escritura adquiere una función comunicativa real, al servicio de una necesidad que surge de nuestra propia actividad.

Y desde el área de Música estamos preparando una canción final acompañada de percusión corporal, incorporando nuevas formas de expresión a esta experiencia compartida.

Aprender a equivocarnos y seguir adelante

Los primeros ensayos nos han regalado también conversaciones importantes. Todavía estamos familiarizándonos con nuestras intervenciones, aprendiendo a reconocer cuándo nos toca hablar y a escuchar atentamente a los demás, antes de incorporar los gestos y la interpretación.

En este proceso han aparecido emociones como el miedo o la vergüenza ante la posibilidad de actuar delante del público. Hemos hablado de ellas y también de algo que nos ha ayudado a mirar la situación de otra manera: quienes vengan a vernos no conocen nuestras frases exactas y, si alguna se nos olvida, siempre podemos buscar otra manera de contar lo que queremos decir.

Equivocarse no significa que tengamos que detenernos. Podemos improvisar, pedir ayuda, buscar alternativas y continuar.

El teatro nos permite así trabajar la confianza, la empatía, la tolerancia a la frustración y la autorregulación. Aprendemos a reconocer lo que sentimos, a expresar nuestras preocupaciones, a respetar las emociones de los demás y a encontrar recursos para afrontar situaciones que inicialmente pueden generarnos inseguridad.

También ponemos en juego nuestras funciones ejecutivas, un conjunto de procesos cognitivos que nos permiten dirigir nuestra conducta hacia un objetivo, regular nuestros impulsos y adaptarnos a situaciones nuevas. Entre ellas destacan tres especialmente importantes durante la infancia:

  • La memoria de trabajo, necesaria para recordar las intervenciones, mantener presente la secuencia de la historia y reconocer las señales que indican cuándo nos toca participar.
  • El control inhibitorio, que nos ayuda a esperar nuestro turno, mantener la atención y evitar intervenir impulsivamente cuando otro compañero se equivoca.
  • La flexibilidad cognitiva, imprescindible para buscar alternativas, improvisar cuando algo no sucede como esperábamos y aceptar que las propuestas propias pueden modificarse o enriquecerse con las de los demás.

Estas habilidades no se desarrollan únicamente mediante ejercicios específicos. La investigación en neuroeducación destaca el valor de las experiencias globalizadas que integran movimiento, emoción, relaciones sociales y actividad cognitiva. El teatro constituye un contexto especialmente rico para ponerlas en práctica de manera significativa.

Y todo ello ocurre mientras nos preparamos para compartir algo que estamos creando juntos.

Todavía nos quedan ensayos, decisiones, materiales por elaborar y seguramente más de un pequeño problema que resolver. Pero quizá ahí esté una de las mayores riquezas de este proyecto: el aprendizaje no espera al día de la representación; está sucediendo ya, en cada conversación, en cada propuesta y en cada decisión compartida.

Y mientras nuestro proyecto teatral va tomando forma, también lo hace nuestro rincón de otoño, que continúa enriqueciéndose con las aportaciones que van llegando de casa y con nuestros propios descubrimientos. Os dejamos algunas imágenes para que podáis ver cómo está quedando este pequeño espacio compartido.

Y entre tantos preparativos también hemos tenido tiempo para celebrar los cumpleaños de nuestros compañeros Bruno y Leo G. ¡Muchas felicidades a los dos! Nos encanta seguir compartiendo estos momentos tan especiales en la clase verde.

Nos reencontramos el martes, después del festivo, para continuar dando forma a nuestro proyecto.

NOTA: Hoy se os ha enviado por correo el plan anual de actividades. Os recomiendo anotar las fechas importantes que en él aparecen.

¡Disfrutad de estos días!

Esther Justicia

El otoño entra en la clase verde

Buenas tardes familias,

Esta semana el otoño ha empezado a hacerse muy presente en nuestra clase. Y no solo a través de las conversaciones o de todo lo que va llegando de casa, sino porque hemos querido salir a buscarlo, observarlo y experimentarlo en algunos de los espacios que forman parte de nuestro día a día.

Nuestro jardín nos ha permitido reconocer algunos de los árboles que nos regalan sus frutos en esta época: caqui, membrillo, almendro… Hemos observado algunas de sus características y recogido caquis de nuestros propios árboles para llevarlos después a la asamblea y probarlos juntos.

A ellos se han ido sumando otras aportaciones que han llegado desde casa: boniato asado, higos, azufaifas, además de frutas y frutos de otoño, rimas, canciones, pequeños elementos decorativos, animales del bosque e incluso alguna poesía creada por el propio alumnado. Con todo ello iremos preparando próximamente nuestro pequeño rincón de otoño, un espacio que irá tomando forma y enriqueciéndose con aquello que vayamos descubriendo y compartiendo entre todos.

Y esta observación ha llegado también a nuestro taller de expresión plástica. A través de la técnica del frottage, las hojas nos han permitido descubrir sus formas, contornos, nervaduras y texturas para, posteriormente, intentar representarlas mediante el dibujo. Una misma realidad que primero tocamos y observamos y que después tratamos de interpretar y trasladar al papel.

Nuestra asamblea continúa siendo uno de los grandes puntos de encuentro de cada jornada. Como habéis podido conocer también a través de la entrada de la clase roja, en ella se concentran multitud de aprendizajes, responsabilidades y conversaciones. En el grupo verde iremos aumentando progresivamente la complejidad de algunas de las tareas del súper-ayudante y, a lo largo del curso, tendremos ocasión de acercaros algunas de ellas con más detalle.

Esta semana hemos incorporado además una responsabilidad nueva y muy especial: la Patrulla Medioambiental o Patrulla Verde. Cada semana, uno de nuestros equipos será responsable de prestar especial atención al cuidado de los espacios y recursos que compartimos: recoger materiales y juguetes, comprobar que quedan correctamente colocados después de utilizarlos, apagar luces o asegurarnos de que el climatizador queda desconectado cuando no es necesario. Pequeños gestos cotidianos con los que trabajamos autonomía, responsabilidad, corresponsabilidad y cuidado de lo común, y que tendrán continuidad durante la etapa de Primaria.

También seguimos avanzando en algo que está siendo especialmente importante durante estas primeras semanas: aprender a convivir como un grupo que todavía se está construyendo. A través de las diferentes propuestas de juego estamos animándonos a abrir nuestros círculos, compartir con compañeros y compañeras diferentes y acercarnos a materiales y posibilidades de juego que quizá inicialmente despertaban menos nuestro interés. Poco a poco, los grupos de amistad con los que llegamos a la clase verde empiezan a hacerse más flexibles y aparecen nuevas interacciones.

En ese proceso estamos dedicando también mucho tiempo a la resolución positiva de los pequeños conflictos cotidianos: aprender a expresar lo que necesitamos, escuchar al otro, buscar alternativas y encontrar maneras de continuar jugando juntos. Es un aprendizaje que necesita práctica, acompañamiento y tiempo, pero empezamos ya a ver pequeños avances que merece la pena valorar.

Nuestro trabajo de inteligencia emocional continúa teniendo también un espacio propio. Seguimos aprendiendo a reconocer lo que nos ocurre, poner palabras a nuestras emociones y utilizar pequeños recursos que nos ayuden a recuperar la calma cuando lo necesitamos. La respiración y la conciencia corporal forman parte de este aprendizaje y, poco a poco, vamos incorporando también nuevos elementos a nuestro “botiquín de emociones”, una herramienta de la que os hablaré con más detalle en otra entrada.

También hemos compartido con la clase roja un taller de modelado con plastilina. A partir de bolitas, churros y sus múltiples transformaciones hemos trabajado la fuerza de la mano, la prensión, la precisión y la coordinación, descubriendo al mismo tiempo todo lo que puede surgir de unas formas aparentemente tan sencillas.

Y terminamos con otra novedad que nos acompañará durante todo el curso: comienza nuestro préstamo semanal de biblioteca. Cada jueves por la tarde llevaremos a casa un libro para disfrutarlo durante la semana y el jueves siguiente por la mañana deberá regresar al colegio para poder realizar un nuevo préstamo por la tarde. Una rutina sencilla con la que queremos seguir alimentando el gusto por los libros y, al mismo tiempo, aprender a cuidar, responsabilizarnos y devolver aquello que compartimos.

Han sido días llenos de experiencias diferentes, pero todas ellas van dando forma a algo común: una clase verde que empieza a ampliar sus relaciones, asumir responsabilidades, cuidar lo que comparte y descubrir nuevas maneras de aprender juntos.

¡Buen fin de semana!

Esther Justicia.

¿QUÉ VEMOS CUANDO NOS MIRAMOS?: EL AUTORRETRATO

Buenas familias,

Seguimos avanzando en estas primeras semanas, afianzando rutinas y encontrando poco a poco nuestra manera de funcionar como grupo. Como tuve oportunidad de contaros en nuestra reunión, autonomía, autoestima y autoconocimiento están muy presentes en este momento. Ser cada vez más capaces de desenvolverse por sí mismos, reconocer aquello que pueden hacer, descubrir también dónde necesitan ayuda y sentirse seguros para intentarlo son aprendizajes fundamentales en estas edades.

Y todo ello tiene una dimensión individual, pero también colectiva. Conocerse a uno mismo ayuda a encontrar el propio lugar dentro del grupo, a relacionarse con mayor seguridad, reconocer las diferencias, pedir y ofrecer ayuda y comprender que no todos necesitamos lo mismo ni hacemos las cosas de la misma manera. Seguimos, por tanto, construyendo autonomía personal mientras vamos construyendo también nuestra identidad como clase verde.

Poco a poco, la dinámica de la clase verde va tomando forma y hemos comenzado también muchos de los talleres y propuestas específicas que nos acompañarán a lo largo del curso. La lógica-matemática, la expresión artística, el desarrollo emocional, la promoción del lenguaje y los primeros procesos vinculados a la alfabetización van encontrando ya su espacio dentro de nuestra vida cotidiana. Diferentes lenguajes y diferentes maneras de aprender que iremos combinando a través del juego, la experimentación, la manipulación y propuestas cada vez más ajustadas a las necesidades e intereses del grupo.

También nuestra asamblea empieza a convertirse en algo más que ese momento en el que nos encontramos al comenzar el día. Las conversaciones se enriquecen, aparecen preguntas, pequeñas reflexiones, acuerdos, aprendizajes compartidos… y empieza a adquirir ese lugar tan importante que tendrá durante todo el curso en la vida de la clase verde. Pero sobre todo lo que ocurre allí, que es mucho más de lo que parece, os hablaré con calma en una próxima entrada.

Esta semana, sin embargo, quiero detenerme especialmente en una de las propuestas que hemos desarrollado dentro de nuestro taller de expresión artística: el autorretrato.

Esta semana hemos llevado ese “mirarnos a nosotros mismos” al terreno de la expresión artística a través del autorretrato.

Realizar un autorretrato es mucho más que dibujar una cara. Antes de representarnos necesitamos observarnos: reconocer nuestros rasgos, tomar conciencia de las diferentes partes del rostro, su posición y proporción y trasladar esa imagen que tenemos de nosotros mismos al papel. Entran en juego el esquema corporal, la percepción, la orientación espacial y la coordinación visomotriz, pero también algo mucho más personal: cómo me veo, qué rasgos reconozco como propios y cómo decido representarme.

Y esta vez hemos añadido un reto: la acuarela.

Es una técnica preciosa, pero nada sencilla a estas edades. La cantidad de agua, la intensidad del color o la presión del pincel modifican continuamente el resultado y obligan a ajustar nuestras acciones. Además, trabajar con ella requiere seguir y mantener una pequeña secuencia: mojar el pincel, controlar el exceso de agua, cargar suficiente pigmento, pintar y volver a comenzar.

Una sucesión aparentemente sencilla que supone un estupendo ejercicio para nuestras funciones ejecutivas. Necesitamos memoria de trabajo para recordar los pasos mientras estamos pintando; control inhibitorio para contener las ganas de actuar deprisa, cargar demasiado el pincel o saltarnos parte del proceso; atención y paciencia para sostener la tarea; y flexibilidad cognitiva para aceptar que el agua y el color no siempre hacen exactamente lo que habíamos imaginado y buscar otra manera de continuar cuando el resultado no es el esperado.

Y precisamente ahí aparece uno de los aprendizajes que más nos interesa: no todo tiene que salir bien a la primera. Aprender a detenerse, observar, modificar una acción, tolerar una pequeña frustración y volver a intentarlo también forma parte del proceso creativo y, sobre todo, del aprendizaje.

Nuestros autorretratos nos han permitido trabajar técnica, pensamiento, cuerpo y emoción en una misma propuesta. Y aunque todos hemos partido de una consigna común, el resultado no podía ser más personal: tantas maneras de mirarse y representarse como niños y niñas forman nuestra clase verde.

¡Gracias por vuestra asistencia a la reunión!

Esther Justicia

¿Preparados para convertirnos en expertos y expertas?

Buenas tardes familias,

Hoy quiero dedicar esta entrada a presentaros una de las actividades más especiales y significativas de la clase verde: “Los expertos”.

El lunes, durante nuestra reunión, hablaremos sobre ella y podré resolver las dudas que puedan surgir, especialmente en relación con vuestro acompañamiento desde casa. Aun así, me parecía interesante anticiparos por aquí su funcionamiento y, sobre todo, el sentido pedagógico que hay detrás de una actividad que nos acompañará durante buena parte del curso.

“Los expertos” es, fundamentalmente, una propuesta de expresión y comunicación oral. Cada niño o niña elegirá voluntariamente un tema que despierte su interés y preparará en casa una pequeña conferencia para compartir posteriormente con el resto del grupo.

El objetivo no es acumular mucha información ni realizar una exposición llena de contenidos. De hecho, el tema elegido es casi la excusa que nos permite poner en marcha procesos mucho más importantes: organizar el pensamiento, seleccionar información, estructurar un discurso, ampliar vocabulario, utilizar conectores lingüísticos, mantener una secuencia y aprender progresivamente a expresarse con mayor claridad ante los demás.

Y junto al lenguaje entran en juego otros muchos aprendizajes. Preparar una exposición requiere planificar, mantener la atención, recordar una secuencia, tomar decisiones, inhibir aquello que en ese momento no necesitamos y llegar hasta el final de una tarea que se desarrolla en diferentes momentos. Son procesos relacionados con las funciones ejecutivas que iremos poniendo en juego de una manera completamente funcional.

También existe una dimensión personal y social que para mí tiene muchísimo valor. Ponerse delante del grupo, sentirse escuchado, comprobar que los demás muestran interés por aquello que uno ha preparado y descubrirse capaz de hacerlo contribuye a construir seguridad, autonomía, autoestima y una imagen cada vez más ajustada de las propias capacidades. Y quienes escuchan también aprenden: a respetar el turno de palabra, mantener la atención, formular preguntas y valorar el trabajo de un compañero o compañera.

Por eso, en esta actividad el proceso importa tanto o más que el resultado.

La preparación seguirá cinco fases:

1. Partimos de lo que ya sabemos.
Antes de investigar, escucharemos sus ideas previas sobre el tema elegido. Qué saben, qué creen saber, qué experiencias tienen relacionadas con él y qué les gustaría descubrir.

2. Investigamos.
Buscaremos información utilizando diferentes fuentes: libros de casa o de la biblioteca, internet, personas que conozcan especialmente el tema, experiencias, visitas… Podremos recopilar también fotografías, objetos u otros materiales que ayuden a comprender y enriquecer aquello que quieren contar.

3. Organizamos las ideas.
Con la información recogida elaboraremos un pequeño guion que les permita decidir qué quieren transmitir y en qué orden. Esta estructura será su apoyo para construir posteriormente el discurso oral. No buscamos que memoricen un texto, sino que sepan qué quieren contar y encuentren sus propias palabras para hacerlo.

4. Elaboramos el apoyo visual.
Podrán utilizar hasta un máximo de tres cartulinas, en las que aparecerá el título del experto y podrán incorporar fotografías u otros elementos relacionados con la exposición. Es conveniente numerarlas para facilitar la secuencia.

Y aquí hay algo importante: el trabajo debe seguir siendo suyo. Recortar, seleccionar, decidir dónde colocar, pegar, escribir aquello que esté a su alcance… forma parte también de la actividad. El resultado no necesita ser perfecto; necesita permitirnos reconocer la participación del niño o la niña que lo ha realizado.

5. Preparamos la exposición oral.
En esta última fase vuestro papel como modelo será especialmente valioso. Podréis ayudarles a ordenar el discurso, ofrecerles vocabulario, mostrarles cómo enlazar unas ideas con otras y practicar juntos la exposición. Pero intentaremos evitar que el resultado sea un discurso adulto aprendido de memoria. Necesitamos seguir escuchándolos a ellos y a ellas.

A lo largo del curso iremos viendo cómo evolucionan estas conferencias: cómo aumenta su capacidad para organizar lo que quieren decir, cómo enriquecen su lenguaje, cómo necesitan cada vez menos apoyo y cómo ganan seguridad al situarse delante del grupo.

Porque no buscamos pequeñas conferencias perfectas. Buscamos niños y niñas capaces de investigar, organizar sus ideas, comunicarlas y descubrir que aquello que piensan y tienen que contar merece ser escuchado.

El lunes terminaremos de concretar algunos aspectos prácticos de la actividad y resolveremos las dudas que puedan surgir. Mientras tanto, solo puedo haceros una recomendación: disfrutad mucho del proceso y dejadles hacer. Ahí estará buena parte del aprendizaje.

Nuestra semana comenzó con algo muy especial: celebramos el quinto cumpleaños de nuestro compañero Luca. Compartimos juntos este pequeño gran momento y disfrutamos de la alegría que supone celebrar que uno de nosotros cumple años.

¡Muchísimas felicidades, Luca! Esperamos que disfrutaras tanto como nosotros compartiendo contigo este día.

Y antes de despedirme, quiero compartir con vosotros algunas imágenes de estos primeros días juntos. Poco a poco vamos encontrando nuestro ritmo como grupo y, la verdad, es que está siendo un comienzo muy bonito. Nos estamos conociendo, recuperando rutinas, estrenando otras nuevas y disfrutando mucho de los momentos de juego compartido.

Los espacios exteriores nos están regalando también escenas preciosas: pequeños grupos que se buscan, juegos que surgen de manera espontánea, carreras, conversaciones, acuerdos y muchas risas. Verlos disfrutar, relacionarse y desenvolverse con tanta naturalidad es una estupenda manera de empezar a conocernos también desde otro lugar.

Yo estoy disfrutando mucho de estos primeros días con ellos y ellas y tengo muchas ganas de todo lo que iremos construyendo juntos a lo largo del curso.

Nos vemos el lunes. Hasta entonces ¡disfrutad del fin de semana!

Esther Justicia.